King do not wrong

El Congreso es probablemente una de las instituciones más deslegitimadas del país, y con los índices más bajos de aprobación. No se trata de cerrar el Congreso, sino que éste se convierta en “caja de resonancia de la población”. El problema de la representación no tiene su origen en el sistema electoral sino en el ejercicio de esa representación, caracterizada por ese distanciamiento aparentemente irreconciliable entre representantes y representados.

Es entendible, en ese sentido, que el presidente quiera hacer de “caja de resonancia” de la población, pues situaciones como el blindaje a Chávarry, por poner un ejemplo, fue algo más que vergonzoso. No obstante, los proyectos de reforma política enviados por el presidente son en algunos casos extremadamente intransigentes o severos, como el que plantea que el Presidente del Congreso puede promulgar una ley observada por el Ejecutivo, con el voto de más de dos tercios del número legal de miembros del Congreso.

Pareciera, si uno lee detenidamente los nueve proyectos de reforma, que la intención del Ejecutivo es que el Congreso niegue la cuestión de confianza, pues de otorgarla quedaría seriamente disminuido en sus funciones. El Congreso, como institución permanente, está muy por encima de sus representantes pasajeros. Imaginemos un Congreso débil en épocas del fujimorismo, hubiese sido avasallado. Pensemos en el futuro del sistema democrático y de contrapesos de poder del país que sobrevivirá a los parlamentarios y presidente actuales.

Y es que el Congreso sigue siendo el reflejo del pluralismo de su base social de la que adquiere legitimidad de origen. Si algo está claro, es que la institucionalidad no puede concebirse en función a las personas, aunque requiera de ellas. Si esa fuera la lógica, buena parte de la institucionalidad pública y privada del país tendría que desaparecer.

El Presidente de la República peruano como el monarca inglés no se equivoca (King do not wrong); eso se lo permite la Constitución que norma su calidad de Jefe de Estado. Pero también es Jefe de Gobierno y, en la práctica, los ministros son fusibles. Una forma de frenar un gobierno despótico, es establecer un mayor control parlamentario a la voluntad arbitraria del presidente, sea quien fuera este.

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